El mundo al alcance de un “click” y, sin embargo, cada vez más lejos…

Matar el rato con el smartphone es la forma que utilizan para relajarse millones de personas alrededor del mundo. Desde tratar de desconectarse de los demás en la sala de espera del doctor hasta aprovechar el almuerzo para avanzar un nivel de Candy Crush, el celular se ha convertido en una extensión de nuestro cerebro para “interactuar” sin realmente tener que hablar con nadie. 

Pero, ¿estamos interactuando, o simplemente reaccionando? Y es que cada día estamos más conectados a internet y menos a nuestra realidad, creando seres hiperconectados pero también cada vez más solitarios.

Un estudio de la Escuela de Economía de Estocolmo, en Suecia, encontró que aquellos que pasaban más tiempo navegando la web eran más solitarios, lo que parece contrastar con las extensas listas de “amigos” en Facebook. La doctora Elizabeth Engleberg, investigadora que encabezó el estudio, recalcó que, además de la soledad, la gente parece que se fue olvidando cómo interactuar con sus pares.

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Por otro lado, un artículo de Computers in Human Behavior recogió un estudio que logró demostrar que, con el uso prolongado de celulares y redes sociales, llega el momento que ni reconocemos las expresiones faciales. Según el documento, los menores de entre ocho y 18 años pasan unas ocho horas diarias consumiendo material por las redes y no podían reconocer fácilmente emociones en los rostros de otros. Luego de haberlos sometido a una “desintoxicación” de cinco días, en los que se les eliminó el acceso a internet y se les envolvió en actividades recreativas en un campamento, mejoraron significativamente la forma en la que percibían el mundo.

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¿Significa esto que tenemos que tirar el celular al toilet? No necesariamente. Sin embargo, se recomienda limitar su uso lo más posible, con múltiples beneficios: poder captar el lenguaje no verbal de los que nos rodean, aprender a reconocer el humor de otros antes de abrir la boca y meter las patas, y realmente tener una relación sana con nuestra pareja, amigos y compañeros de trabajo sin que tenga que mediar un vídeo de gatitos.

Aprende a desconectarte:

- Si tienes que estar en línea obligatoriamente, establece una hora en la que te “saldrás” del cibermundo y entrarás al real: a partir de la hora de la cena, o dos horas antes de acostarte. Igualmente, no te despiertes a chequear las redes; tómate un café y deja que tu mente “vuelva” sola a la realidad, sin sobrecargarla de información.

- Cuando compartas en grupo, deje el celular a un lado. “Reaprende” a conversar  mirando la cara de su interlocutor y sin ayuda electrónica; así hablaba la gente hasta hace 20 años. ¿Lo recuerda?

- Dedícale tiempo a tu pareja. Sentarse en silencio a mirar el último vídeo de YouTube no es compartir, es ser espectadores con compañía. Además, hazte un favor y deja el celular en la cartera o el bolsillo mientras comes, y enfócate en quien tienes al frente. 

- Enséñale a los más jóvenes a que hay vida más allá de una pantalla. Predica con el ejemplo y sácalos a pasear o, en su defecto, compartan con juegos de mesa, actividades creativas o sencillamente siéntense a hablar. No dejes que la internet sea la niñera de tus hijos.

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